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miércoles, 9 de julio de 2008
Hoy pensaba, y pensaba bien. Sentí que era una partícula de una partícula de una partícula un cacho más grande, pero pequeña aun; sentí que era una graciosa partícula pretendiendo vivir mi vida, que “yo” era un resultado de otras partículas y que, entonces, la partícula que yo compongo esta en un cuerpo que no puedo ver en mi condición; y sentí también que no hay un cuerpo final, que lo que llamamos universo no es más que una partícula de una partícula de una partícula. Sin principio ni final (o tal vez con principio y fin) partícula más partícula, lo único que existe es un movimiento estático, una pulsación eléctrica desplazándose a talvez del silencio. Nuestra cotidianeidad (todo lo que juzgamos real y todas nuestras acciones) son sólo restos residuales del infinito buscando solidificarse imitando la geometría de las partículas que componemos y que nos componen. Hoy pensaba… Hay que gozar del vivir.
Porque basta de supuesta razón y su mundo –este mundo desbordado de carencia, soledad, vida al pedo. Basta de manto piadoso, me alfombra con su tierrita debajo; de oscuros silos mercenarios que nos confortan. Basta. Sencillamente.
Suena el despertador y despertar, Recolectar miles de pulsaciones publicitarías, renegar, frangollar las horas, afilar el tedio, enhollinar el alma, incinerar la mirada, acribillarse de símbolos que nos tienen por destinatarios, y a quienes correspondemos brindándoles nuestra rutina, nuestras emociones, nuestro acaecer solitario por la tarde y los edificios y las rosticerías y los circunspectos acreedores del aniquilamiento que no le aflojan en nudo al lazo, la garganta se quiebra, la lengua se hincha y no afloja, uno obedece y se queja y obedece nuevamente, cada vez más manso, desvariando; masturbando la vivencialidad como forma de alivianar los traumas de la cadena.
Sencillamente. Basta.
Invocar al sutil hilado de luces y sombras de vez en cuando sienta bien. No es posible anquilosarse por siempre, o, en todo caso, siempre es sólo una expresión con que uno busca reducir lo que comprende a un entendimiento estéril para resolver sus conflictos existenciales. Invocar al sutil hilado entonces, y amar su mirada dulce, su piel de hembra fingiendo inocencia, y caer en su telaraña, ser su tejedor lúdico, andarse las noches por sus razones y sus ramas frondosas, serse un todo en su perfume, serse nada en su sentido; iluminar la propia sombra y ser ella iluminando la vida. Sencillamente. Eso.
Hoy se me antojó el mundo como un racimo de uvas frescas
moradas
efervescentes;
esplendor rotundo;
y me las comí.
Suena el despertador y despertar, Recolectar miles de pulsaciones publicitarías, renegar, frangollar las horas, afilar el tedio, enhollinar el alma, incinerar la mirada, acribillarse de símbolos que nos tienen por destinatarios, y a quienes correspondemos brindándoles nuestra rutina, nuestras emociones, nuestro acaecer solitario por la tarde y los edificios y las rosticerías y los circunspectos acreedores del aniquilamiento que no le aflojan en nudo al lazo, la garganta se quiebra, la lengua se hincha y no afloja, uno obedece y se queja y obedece nuevamente, cada vez más manso, desvariando; masturbando la vivencialidad como forma de alivianar los traumas de la cadena.
Sencillamente. Basta.
Invocar al sutil hilado de luces y sombras de vez en cuando sienta bien. No es posible anquilosarse por siempre, o, en todo caso, siempre es sólo una expresión con que uno busca reducir lo que comprende a un entendimiento estéril para resolver sus conflictos existenciales. Invocar al sutil hilado entonces, y amar su mirada dulce, su piel de hembra fingiendo inocencia, y caer en su telaraña, ser su tejedor lúdico, andarse las noches por sus razones y sus ramas frondosas, serse un todo en su perfume, serse nada en su sentido; iluminar la propia sombra y ser ella iluminando la vida. Sencillamente. Eso.
Hoy se me antojó el mundo como un racimo de uvas frescas
moradas
efervescentes;
esplendor rotundo;
y me las comí.
Sobre el Nacer, el Nacimiento, y el hombre. El nacer implica en primera instancia la muerte de un estado anterior, y en segundo término el comienzo de un plano temporal; el nacimiento es, entonces, un periodo de transición entre muerte y vida. En el hombre las cuatro emociones básicas (alegría y rabia; miedo y tristeza) confluyen durante este período en el cual al conjugarse la cualidad expansiva de las primeras y la cualidad retrospectiva de las segundas debe afronta un estado perceptivo turbulento, en donde la psiquis se ve absorbida, el alma muta frágil ante la ciclotimia que marca el plexo solar, y el espíritu, partido entre su parte muerta y su parte nueva, busca reencontrarse. (Por esto el nivel de sabiduría alcanzado por un hombre es visible en la actitud con la que afronta sus nacimientos) . Calidoscopio posmoderno bajo la luz del Nacer. A dónde nos dirigimos si la acción primaria del buscar la propia identidad del espíritu es relegada de por vida, dejada con pasmosa ignorancia de lado, revestida por ropajes complejos para ocultar la simple esencia de nuestras vidas. Cundo uno no realiza sus formas concorde con La forma aprieta involuntariamente el gatillo; el berretismo se vuelve crónico entonces, y los mandalas se persignan ante la desfachatada muerte que el individuo le provee al ser. Parecen reflexiones complejas ciertas acciones cotidianas; es debido a las pocas intenciones de vivirse que el uno mismo sociabilizado procura no enfrentar de manera eficaz dichas acciones. No es enteramente su culpa, mucho menos su voluntad (puesto que carece de voluntad, y lo que denomina de esta manera solo es un cuenco repleto de ordenes; imitaciones de malos entendidos sobre malas interpretaciones). Todo esta por aprenderse, hasta el placer superficial necesita de comprensión previa para ser saboreado ya que de lo contrario no es placer, sino emociones sensitivas que se sugieren ante nuestra percepción. Con el transcurso de los años el individuo se va transformando en sus conclusiones sobre lo que percibe, de esta manera logra evitar la poca conexión que pudo haber tenido de pibe con la abstracción que lo formula, no teniéndose ya que preocupar por el vacío que lo aterra y con el que tendría que convivir si buscase su vera identidad. Las formas se deslizan hacia su ebullición; pletóricas; amanecer perpetuo de hambre multíbora sin ojos ni manos ni nariz, ni piel siquiera; tan sólo hambre de muchas bocas, de todas las bocas, siempre naciendo, muriendo, volviendo a nacer. El “tener”, la posesión, el como uno administra sus cosas y el como las cosas lo administran a uno, las predeterminaciones, las ganas, todo lo que esta por hacerse; el oficio de comprender la voluntad que resiste la espada en el corazón; la –llamémosle- magia o Deidad de un rayo de luz que agoniza ante los ojos humanos en un atardecer, prosiguiendo su camino ante la percepción del cosmos, me retuerce la tarde. Palabras, sonidos, olores, intenciones y moretones, quebraduras o hasta decapitaciones. Vida que pasa y uno que toma algunas cosas y se queda con ellas y se olvida de donde las tomó y se queda, indefinidamente, en una foto que envejece sin existir pero suponiendo que sí. Vera efigies del nacer humano. El objetivo de nuestros múltiples nacimientos es llegar a Mirar; ver a través de la piel oculta; palpar a través de los ojos de dios. Volver al lobo y sonreír.
Despegar del cielo,
floreser en manos que sostengan tierra
mundos
sangre tibia;
despegarse los muertos encayados
los que obstruyen la piel nueva
los que tapan las arterias del alma;
desprenderse los motivos como botones obsoletos y condicionantes,
mirarse al desnudo de identidad
antes de parirse en máscara,
suicidar la costumbre,
deshacer el mundo,
dejarse caer sobre la puiel que espera del otro lado del alma.
floreser en manos que sostengan tierra
mundos
sangre tibia;
despegarse los muertos encayados
los que obstruyen la piel nueva
los que tapan las arterias del alma;
desprenderse los motivos como botones obsoletos y condicionantes,
mirarse al desnudo de identidad
antes de parirse en máscara,
suicidar la costumbre,
deshacer el mundo,
dejarse caer sobre la puiel que espera del otro lado del alma.
Acostumbrado al “uno mismo”
sin olerse los motivos
ni oirse el silencio que ocultan
es dificil llegar a tocar
la invisibilidad que nos formula;
detallar cada signo nuevamente entonces
sofocar al glaciar cultura que nos imita
y se bautisa con nuestro nombre,
desmantelar los paradigmas y los traumas
sentarse en la orilla de la no-orilla
dejar de actuar por reflejo de memoria
comenzar la acción volitiba a través de los sentidos,
deleitarse y gozar
expandirse sobre el gose
como una lluvia sin nombre en el paisaje del no-lugar
y entonces sí
Ser.
sin olerse los motivos
ni oirse el silencio que ocultan
es dificil llegar a tocar
la invisibilidad que nos formula;
detallar cada signo nuevamente entonces
sofocar al glaciar cultura que nos imita
y se bautisa con nuestro nombre,
desmantelar los paradigmas y los traumas
sentarse en la orilla de la no-orilla
dejar de actuar por reflejo de memoria
comenzar la acción volitiba a través de los sentidos,
deleitarse y gozar
expandirse sobre el gose
como una lluvia sin nombre en el paisaje del no-lugar
y entonces sí
Ser.
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